Historia en una fábula
Del libro: Rebelión en la Granja
Llevan por bandera el pensamiento crítico, intentan encajar en exámenes acertijos que pongan a prueba el raciocinio de los alumnos y al final sólo se enreda la capacidad memorística. Como alguien que no hace mucho estuvo sentada en la mesa de un instituto me pregunto por qué no nos hicieron leer este libro. Y en el examen: “¿Quién es Snowball?” “¿Qué implican las manzanas?”. En el improbabilísimo caso de que yo fuera profesora de historia, y en el más aún improbable caso de que el sistema educativo fuera flexible, las páginas de Rebelión en la Granja serían los apuntes del temario de la Unión Soviética.
Cómplice de la libertad
George Orwell, británico nacido en la India, ha marcado en sus libros su fuerte ideología socialista y anti-totalitaria. No oculta su aversión a Stalin en el prólogo:
¿Dónde habían aprendido aquellas gentes puntos de vista tan totalitarios? Con toda seguridad debieron aprenderlos de los mismos comunistas.
Considero la historia contemporánea algo desconocida para mí, pero este libro no se puede entender sin tomar esta idea como núcleo rector. Opino que Orwell no es sólo un escritor, sino un testigo (hecho tinta) de la guerra, la historia y la libertad. Incluso vivió la Guerra Civil española de primera mano. ¿Quién se atrevería a plantar a Lenin como un cerdo? Alguien que no tiene miedo de la censura, ni de esa “mentalidad gramofónica” que repetitivamente se reproduce incluso no estando de acuerdo con el disco que suena. Esto afirma el autor en un prólogo a modo de elegía hacia la cobardía intelectual. Su ingeniosa manera de contar la historia como una fábula con animales antropomorfizados se liga a mi pasión por la gran desconocida cultura rusa. Por cierto, fui yo hace unos años quien tomó la fotografía de la Catedral de Nuestra Señora de Kazán en San Petersburgo (imagen que veis al inicio del post), edificio que durante la época soviética funcionó como Museo de la Historia de la Religión y el Ateísmo -cuyo contenido estaba más a favor de lo segundo que de lo primero-. ¿Es sarcástico, no creeis? Yo pienso que tiene cierto parecido con lo que este libro viene a contarnos.
"Animales fantásticos"
Un Lenin-cerdo (al que, por supuesto, no da este nombre sino el de Mayor) siembra el germen del comunismo en la granja Manor hasta que los animales se levantan contra su dueño. Cada animal adopta un rol determinante en cuanto a lo que fue la historia rusa: las ovejas como la multitud manipulable, los vecinos granjeros como Estados Unidos y Alemania, el cuervo Moses como el Moisés bíblico -la religión-, la yegua Mollie como la burguesía, y un gran etcétera en el que caben tanto personajes como objetos del libro. Por ejemplo, las manzanas -algo infantil y táctil- simbolizan la corrupción e hipocresía -ideas tan intangibles-. Los cerdos dirigen la revolución. Snowball (el Cerdo-Trotski) y Napoleón (Cerdo-Stalin) son los cabecillas del movimiento, y tal como ocurrió en el país soviético, Napoleón acaba por imponerse. Sin embargo, lo que inicia como una rebelión digna donde "camarada" incluye a todo animal, acaba por convertirse en un gobierno totalitario de los cerdos. Ocupan la casa de los humanos, duermen en sus camas, beben sus licores y comienzan a ser dueños del resto de animales. ¿La excusa? Lo que sea menos el absolutismo... Digo, del anterior dueño humano. Los "sagrados mandamientos" siguen inicialmente una lógica totalmente comunista:
Todos los animales son iguales ... Cada cual conforme a su capacidad ...
Hasta que aquellas premisas acaban por tacharse en favor de un último mandamiento:
Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.
El final encierra perfectamente la moraleja de la Revolución Rusa y es uno de los mejores que he leído -Alerta que hay spoiler-:
Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo y, nuevamente, del cerdo al hombre, pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.
Comentarios
DRubioC • 07 Abr 2026 a las 13:33
Interesantísimo. Tocará releerlo. Dato curioso: George Orwell es un pseudónimo que el autor escogió para no avergonzar a su familia por sus obras .
Inicia sesión para dejar un comentario.