Delirante pasión
Del libro: Las penas del joven Werther de Goethe
¿Qué tiene (de mucho o de poco) una historia para que la censuren por causar una oleada de suicidios? El documento original de la censura, original de Alemania, da pie a este post, tal y como dio pie a mi curiosidad. Aviso que no son unas reflexiones aptas para aquellos que estén atravesando una ruptura amorosa o infidelidad.
Ocurre que en algunos libros al ser acabados surge un silencio estremecedor que existe incluso antes de ser percibido. En realidad sólo se nos hace presente cuando la mirada no tiene donde seguir agarrada. Hay libros que causan motivaciones tan fuertes que ensordecen este silencio, hay otros cuyas últimas líneas generan un dolor creado, artificial y por ello confuso. Es una muerte anunciada en la como lectora me desagarra la certeza de no volver a oír las voces de los personajes en nuevas palabras, sino en una repetición, dulce y limitada, de los mismos párrafos. Así que sí, Las penas del joven Werther me ha causado esta sensación justo al final de sus líneas.
Pido perdón de antemano si en esta ocasión uso un vocabulario más poético, pero no se puede esperar otra cosa de mí, habiendo estado sumergida en este precursor de lo que sería el Romanticismo. También me tomo la libertad de titular este post como mi juicio sobre la trama: Una delirante e interminable devoción, una obsesión desmedida.
Los dos extremos
La historia se sustenta en la obsesión de Werther por Lotte, una muchacha ya comprometida. Lo que en un principio es el idílico comienzo de un amor, acaba por transformarse en la causa del suicidio. La enajenación y el éxtasis de un amor emergente no sólo se materializan en esta historia, sino que se radicalizan. Aunque según nuestro protagonista, los que juzgamos no somos más que ignorantes de los motivos.
> Y en este mundo, ¿será pecado que yo te ame, que quiera arrancarte de sus brazos para tenerte en los míos?
He vislumbrado el inicio y el final del libro como los opuestos de un termómetro de pasiones. El cambio de humor en Werther abarca toda su concepción sobre la existencia: La naturaleza que en un inicio se describe como la belleza máxima, sin una norma y sin límite, se transforma en una energía destructora -un “monstruo que devora y rumia eternamente”-. De hecho, en una de sus páginas intermedias encontré la frase que podría explicar (muy por encima) el argumento:
> ¿Había pues de ser así, que aquello que hace la felicidad del hombre sea también la fuente de su desdicha?
Es un ímpetu tan exagerado que parece escapar al control de la persona, e incluso pretende justificar la violencia. La emoción dejaba de ser algo que nos embauca y se teñía de enfermiza.
Entre subtramas
Sin embargo, no sólo se nos relata una historia de (des)amor, sino que se hace una pequeña crítica al trabajo, a la nobleza e incluso a la fe. Napoleón estaba acompañado de este libro en sus días en Egipto y es curioso saber que detestaba estas declaraciones críticas. La cuestión del suicidio se trata también desde el punto intransigente de la religión. En un diálogo sobre las razones que llevan a cometerlo aparecen dos posturas: La que lo considera un pecado cometido por débiles y necios, contra la que lo considera el clímax de un enfermedad involuntaria e imparable, cuyos motivos son intrincados pero válidos. Nuestro Werther, por supuesto, defiende la nobleza que hay en el suicidio.
> El hombre es hombre y la pizca de juicio que uno pueda disponer, poco o nada tiene que ver cuando se desata una pasión y los límites de la vida humana le oprimen.
Werther no oculta sus impulsos de cometer este acto y tal vez Lotte solo sea un “catalizador” de la acción. Personalmente, cuando cerré el libro me pregunté a mí misma por esa muchacha. La muerte da vértigo, pero, ¿y la culpa? Pese a que Lotte nunca disparó el gatillo, una parte de ella habría de sentirse siempre responsable.
Comentarios
Sin comentarios aún.
Inicia sesión para dejar un comentario.